| La Patrona de Rute, preciosamente vestida para el mes de noviembre |
Fotografías: María José Reina
Con la sensibilidad a
flor de piel y el pensamiento aún invadido por la conmoción de los tristes
acontecimientos acaecidos hace dos días, nos encontramos justo en la víspera de la festividad de todos los Santos y de la celebración del día de los difuntos,
el próximo lunes.
Dos jornadas en las que fijamos
nuestro recuerdo en la memoria de nuestros seres queridos, a los que nuestro
Padre llamó un día ante su presencia, y cuyas almas, bajo la intercesión del
Santo Escapulario de Nuestra Carmelita (Reina del Purgatorio), gozan ya del eterno
descanso eterno en el Paraíso.
Rotos por la tristeza de
no poder disfrutar de la presencia física de los que un día fueron y jamás
serán, los ruteños tenemos la gran suerte de enjugar ese dolor con la hermosura
de la mirada de nuestra Patrona, la Santísima Virgen del Carmen, que desde su
Santuario, nos acompaña diariamente ejerciendo su doctorado como Abogada de sus
hijos, a los que despoja de sus miedos tendiéndoles su Escapulario y
mostrándoles a su Divino Infante Carmelitano.
Visitar el Santuario de
nuestra Patrona durante estos días de oración, ánimas y recogimiento, es como
visitar un rinconcito de ese Cielo eterno prometido tras nuestro efímero caminar
por esta vida terrenal. Un lugar donde solo reza el gozo y el contento: la paz la
alegría y la tranquilidad.
Un gozo que alcanzamos
los ruteños contemplando a nuestra Madre ataviada para el mes de ánimas con hábito
de terciopelo de algodón, mantilla de seda de tres picos con bordados granadinos,
y coronada con su maravillosa diadema que la erigen como Reina del Purgatorio.
La paz que nuestra
Carmelita desprende con su mirada, la reivindica en nuestro sentimiento cuando
catapulta su hermosura a través del Santo Escapulario de filigrana que porta en su mano, recordándonos que es nuestra Madre y que está aquí: acompañándonos y guiándonos con su amor.
El amor lo derrama y desborda sobre nosotros cuando nos cubre con la capa de seda blanca que luce sobre sus hombros, sugiriéndonos entonces que la acompañemos en silencio a orar ante el Señor por las almas de nuestros hermanos difuntos que se encuentran en el purgatorio, ayudándolas a acelerar su purificación con el fin de que puedan entrar en la presencia de Dios.
De otorgarnos la alegría
y el contento se encarga el Divino Infante Carmelitano, apareciendo del brazo de
la Patrona de Rute con capa de terciopelo y escudo bordado, recordándonos que
las delicias y vanos placeres de este mundo se desvanecen al lado de las
virtudes de su Madre, nuestra Carmelita, sobre todo si se tiene en cuenta que
Ella es fuente sempiterna de paz y fidelidad a Dios.
Santísima Virgen del Carmen, Patrona de Rute y Reina del Purgatorio: que todos tus hijos sin excepción se cobijen bajo la sombra protectora de tu Santo Escapulario, en pos de que todos estemos unidos a Ti por los estrechos y amorosos lazos de esta tu querida insignia.
Te pedimos igualmente, Virgen
del Carmelo, por tu gran clemencia y amor singular, que ilumines siempre nuestro camino, otorgándonos
la confianza de que nuestros seres queridos descansan en paz, sintiendo en todo
momento tu excelso amor fraternal.
Gracias, Señora del lugar, por ser nuestra compañía, escuchar nuestras oraciones y consolarnos en momentos de tristeza, Tú que eres Maestra de la fe, ejemplo de humildad y consuelo eterno de nuestras almas.
Nuestra más sincera enhorabuena al grupo de camarería de la Real Archicofradía.
Que así sea…
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