| María Santísima del Carmen, vestida para el Adviento y la Navidad 2022 |
Entramos
en Diciembre y en el Adviento tras haberte estado contemplando como
Reina de las Almas del Purgatorio durante el mes de difuntos, agarrándonos a tu
sublime belleza carmelitana como fuente de paz, humildad y esperanza de las
almas de nuestros hermanos ruteños que esperan ser rescatados por tu Santo Escapulario
para ser presentadas ante el Padre Eterno.
Magnificencia
la de tu humildad y tu belleza que no necesita atributo material alguno para percibirse
en todo su esplendor, pues basta con una simple mirada de tus serenos ojos y
una sonrisa de tu Divino Infante para que nuestra vida se convierta en un poema
lleno de reminiscencias y adjetivos carmelitanos.
Y
es que así se podría calificar tu impresionante frontis actual ataviada ya para
la Navidad y el Adviento: un poema de infinitas rimas con lo indescriptible, lo
hermoso y lo divino cuyo resultado final es simplemente la pureza y la
perfección.
Una pureza y perfección conseguida a base de contemplarte engalanada con tu precioso vestido de algodón bordado, manto brocado de flores doradas con encaje de hojilla y velo de tul de seda con bordados de Bruselas.
La belleza con la que luce tu Niño
también es pura poesía, engalanado hasta la extenuación con su vestidillo de
tisú de plata con encajes de chantillí y una pequeña cruz de corales en el
pecho, presumiendo orgulloso de la Madre que lo acoge como Elegida de Dios Padre (nuestra más sincera enhorabuena una vez más al equipo de Camarería de nuestra Madre).
Todo
ello acompasado con la sinfonía de contrastes y matices de tu innata belleza
que, por sí sola, viste el Santuario que lleva tu nombre con la palabra Navidad,
sin necesidad de más adornos que completen un escenario en el que la luz de tu
nombre, Excelsa Patrona de Rute, viste tu morada y la villa de la que eres Reina
con el júbilo de la llegada del Salvador.
La
inmensidad de la belleza interior que atesoras, Madre, nos hace tenerte siempre
cerca de los ruteños como ejemplo incontestable de tu disposición ante el Señor,
siempre dócil a su voz en el amor.
Sigue
guiando nuestro pies, Reina y Señora de Rute (en estas fechas tan entrañables que
nos disponemos a vivir) y ayúdanos a prepararnos como verdaderos cristianos para la inminente
venida de tu Divino Infante.
Vuelve
a nosotros esos tuos ojos de mirada profunda y de eterna rima con lo Celestial para
que en un futuro no muy lejano, seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro
Señor Jesucristo.
Entre
tanto, Tú serás para todos los ruteños la Elegida del Señor y nuestra
Centenaria Patrona del alma.
Navidad, Carmen: ¡ERES TÚ!
Que así sea…
¡Viva
la Virgen del Carmen!
¡Viva
la Patrona de Rute!
¡Viva
la Reina y Señora!
¡Viva
la Emperatriz Carmelitana!
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