| María Santísima del Carmen vestida de Carmelita para el mes de Noviembre |
Te nos presentas en esta
mañana de la festividad de todos los Santos, sencilla, llena de luz, pero con
la elegancia de la que implora un piropo que mereces más que nunca por ser
siempre y en todo momento Señora y Patrona de Rute.
Un piropo que en esta mañana
debe extenderse (además) a tu condición de intercesora de las almas de los
ruteños que ya no están con nosotros, y a tu predisposición infinita por ser
siempre Abogada eterna de los ruteños y de la villa de la que eres Reina.
La infinita belleza que
desprendes en este día tan señalado para todos nosotros, es el bálsamo supremo
que necesitamos para paliar el irreparable dolor de la pérdida de nuestros
seres queridos, sobre todo cuando la misma, con su amplia amalgama de pinceladas
de insuperable serenidad, atenúan los ecos de la tristeza y de la muerte,
convirtiéndolos en interminables lechos de luz y esperanza.
Porque eso es lo que significa
(ni más ni menos) tu belleza y tu presencia: hilos de esperanza que se elevan
junto a tu pelo camino hacia el Cielo, cual si de una autopista de vida que
conduce a Jesús se tratara. Gracias por ser, además de Reina y Señora, esa
lluvia fina y tenue que apaga y consuela el fuego de la vida terrenal que quema
y marchita nuestra existencia.
Contemplarte en tu morada
de la calle Toledo con vestido de terciopelo de Lion, tu capa de seda natural con
cristales de roca y mantilla de tres picos con bordado en seda y puntas de
festón, son argumentos adicionales para pensar que ante el desliz de una vida
que nos hace patinar continuamente por la insensibilidad que se denota en nuestros ojos nublados, estás
siempre Tú, dispuesta siempre a llevar a tus hijos ruteños y a sus almas por esas
rutas blancas que nos enseñan tus ojos, dibujadas por la luz de tus pasos.
Gracias Madre, por hacerte valer
con tu impresionante frontis de humildad y sencillez sobre el dolor de una ausencia
de nuestros seres queridos que, en un día como hoy víspera del día de los
difuntos, nos aprisiona en forma de pesadillas que quebrantan el anhelo de ver
la luz al final de túnel.
Gracias, Carmen, por ayudarnos
a poder imaginar después de la muerte una vida eterna al lado de tu Hijo, y por
compensar con tu mirada nuestro frágil boceto de existencia terrenal ante tanto
afán por lo material y lo tangible.
A Dios gracias, la policromía
de tu belleza y el insuperable derroche de hermosura de tu inmaculado corazón,
nos otorga a los ruteños poder sustentar contigo un sueño de Jardines de Cielo
en el que, algún día, podamos pasear junto a nuestros seres queridos que ya no
están con nosotros.
Entre tanto, Excelsa
Patrona Celestial: ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Que así sea…
(Nuestra más sincera enhorabuena
al equipo de Camarería de nuestra Patrona por su impecable trabajo en el
arreglo de nuestra Madre).
¡Viva la Virgen del Carmen!
¡Viva la Patrona de Rute!
¡Viva la Reina y Señora!
¡Viva la Emperatriz
Carmelitana!
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