Texto: Jesús Manuel Redondo Alba
Imágenes: archivo
Tal y como ya os apuntábamos en la entrada anterior
de nuestro blog, durante los días 13, 14
y 15 de marzo, a las ocho de la tarde, se celebrará en el santuario de nuestra
bendita Patrona el solemne triduo cuaresmal al Santísimo Cristo del Mayor
Dolor, ostentando la sagrada cátedra el consiliario de nuestra Archicofradía y
párroco de Santa Catalina mártir, D.
Juan Carrasco Guijarro.
El pasado día 01 de marzo (miércoles de ceniza)
entrábamos de lleno en plena cuaresma con la imposición de la ceniza, acto que
se celebró de manera solemne en la parroquia mayor antes citada.
Ya los judíos acostumbraban a echarse ceniza sobre la
cabeza para indicar que estaban en penitencia y fueron posteriormente los
cristianos los que empezaron a tomar esa costumbre al empezar la cuaresma. La
imposición de la ceniza, por tanto, marca el comienzo de 40 días de preparación
hasta la pascua: un tiempo de conversión, de volver a Dios, de mirar al sufrido
rostro de Jesús del Mayor Dolor y compartir con Él la oración, la reflexión y el
arrepentimiento.
Arrepentimiento al que debe llevarnos el
sanguinolento cuerpo del Santísimo Cristo del Mayor Dolor quien, con su muerte,
hizo posible proveer el camino hacia el Cielo a los hombres. Sin ella jamás
hubiésemos sido capaces de encontrar dicha meta de Salvación.
La imagen dolorida y magullada del Santísimo Cristo
del Mayor Dolor representa la más impactante imagen de la humillación a la que
se sometió Jesús por nosotros. Así, como corolario de lo anterior, humillarse
delante de Dios debe significar para nosotros reconocer que, ante su majestad y
poder no somos nada, y que nuestra condición humana es infinitamente inferior a
la naturaleza de Dios. (Salmo 8:3-4)
Al humillarnos, exaltamos los atributos de Dios.
Igualmente, humillarse tiene que significar obedecer
la Palabra de Dios y vivir de conformidad con su voluntad en cada pequeño
aspecto de nuestras vidas (Levítico
26:18-19), así como reconocer que todo lo que tenemos proviene de la
misericordia y la provisión de Dios y que no lo merecemos por nuestros propios
méritos.
Que el triduo al Santísimo Cristo del Mayor Dolor,
queridos carmelitas, nos sirva para ver realmente en su rostro la verdadera
condición de Dios hecho hombre que, humillándose a sí mismo y haciéndose
obediente hasta la muerte, nos dejó bien escrito que ‘cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será
enaltecido’ (Lucas 14:11).
A buen seguro, la intercesión de la Santísima Virgen
María bajo la advocación del Monte Carmelo, Patrona y Señora de Rute, nos
ayudará de manera superlativa durante la cuaresma a encontrar el verdadero
camino que nos lleve directos a la Salvación, siempre bajo la innegociable e
insustituible premisa de la humildad.
Que así sea.
¡VIVA LA VIRGEN DEL CARMEN!
¡VIVA LA PATRONA DE RUTE!
¡VIVA LA REINA Y SEÑORA!
¡VIVA JESÚS DEL MAYOR DOLOR!

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